VOLAR SIN ALAS (Revista Turia, Nº 133-134)

 

 

VOLAR SIN ALAS

Elifio Feliz de Vargas

 

Resulta complicado abordar el tema de la libertad sin caer en tópicos grandilocuentes y acaso trascendentales, una tendencia difícil de eludir incluso al aproximarse a sus expresiones más íntimas, a aquellas que se manifiestan de forma inconsciente y cotidiana. Por eso parece acertado el recurso que emplea Juan Villalba en su colección de relatos libertarios, donde tanto una intrascendente anécdota, como el arriesgado proyecto vital de sus personajes, sirven para poner en evidencia el disfrute del propio albedrío. El ansia de libertad es común a todos ellos independientemente del momento, el lugar y las circunstancias.

La adjetivación del título en “Cuentos libertarios” puede inducir a error, ya que el uso frecuente del término viene asociado a un credo político y, aunque en los relatos aparecen ejemplos de ácratas reales y ficticios, la intencionalidad del calificativo es otra mucho más amplia, al buscar como nexo de unión de la obra la devoción por la propia libertad, la burla a cualquier influencia o cortapisa que trate de determinar el camino a seguir por sus protagonistas. Una senda que puede abrirse por las más diversas motivaciones, desde la fidelidad a los propios ideales del ácrata redimido-reprimido por su suegra burguesa en De fosales, indios y monotes, a la necesidad de supervivencia en el ambiente hostil descrito en Golpes, de los amores prohibidos en las historias de La garçonne loca o  en Te esperaré bajo nuestra estrella, al egoísmo hedonista de la hilarante Historia del gran masturbador o el pecado de corazón.  En todos ellos hay un ansia de evasión frente a una realidad que los atenaza y la huida se materializa en forma de rebelión, lucha, viaje, incluso muerte en los casos más drásticos, mientras que para otros sumergirse en el fantaseo y la ensoñación se convierten en métodos menos arriesgados pero igualmente efectivos.

La pluralidad de personajes y situaciones viene a ratificar la idea de que la libertad es una aspiración universal -inoculada en algún punto del ser en el mismo momento en que tomamos conciencia de nuestra individualidad-, obligada a acompañarnos, con más o menos empeño y fortuna variable, a lo largo de la existencia. Es el incipiente pálpito de que hay algo mejor, más acorde a nuestros deseos o simplemente diferente, vedado por las reglas y convenciones del mundo adulto, lo que llevará al joven protagonista de Duelo en OK Corral a fundar su propio universo trascendiendo los márgenes de la pantalla del cine, un territorio infinito y maleable donde un palo se convierte en arma letal capaz de salvar a las víctimas del pérfido gallo balandrón que tiene atemorizado al gallinero. Un relato que nos retrotrae a lugares comunes de la infancia, con programas dobles en cines de pueblo o de barrio obrero, atestados de chiquillería ansiosa de celuloide rayado y de algún acomodador airado al  que sacar de sus casillas, en la que podemos intuir la voz de la memoria del propio autor.

Aquellos paisajes de su Sarrión natal retornan en Misa Corpore Insepulto, envueltos en una niebla tan densa como para desorientar a un cortejo fúnebre camino del camposanto, en un bosquejo de libertarios, librepensadores y libertinos rurales, atrapados en un mundo que no les pertenece y del que se refugian entre las cuatro paredes de la taberna del abuelo Florentín, donde se levanta el decrépito ateneo en el que una oratoria sarcástica e irreverente se va desgranando al ritmo que marcan los chatos de vino y las manos de cartas, huérfanas ya de su dueño que desde el más allá contempla y anima a su nieto a vaciar el vaso del jugo que si no libera, al menos libra del peso de las penas.

La travesura inocente deriva en rebeldía para los personajes de Maneras de vivir, una historia que destila la estética y los registros de los años ochenta, cuando los gustos musicales o la forma de vestir parecían ser la expresión máxima de libertad, generando el contrasentido de parcelar los barrios y los lugares de ocio con acuerdo a cada opción, en muchos casos de forma excluyente. Cruzar esas fronteras invisibles podría entenderse un logro, nunca exento de riesgo, para el adolescente transgresor.

Surge así otra idea recurrente en la obra, el peaje a pagar por perseguir nuestros sueños, no ya por alcanzarlos, sino por el simple hecho de embarcarse en su búsqueda. Así queda de manifiesto en la historia de Silvino Zafón, Niño de la Estrella, famoso novillero republicano caído en desgracia tras la contienda y exiliado en Arles (Francia), donde malvive atormentado por una cuenta de amores pendiente. Lo que no pudieron los toros sobre la arena en tardes de sol y moscas, lo consiguió una Triumph Bonneville de gran cilindrada revolcándolo en el asfalto mojado. Este relato, basado en una historia real, ocupa un lugar privilegiado dentro de la colección, tanto por su extensión como por la documentación y anécdotas que fue acumulando el autor al seguir los pasos del matador, dejando abierto el camino a lo que podría ser el anticipo de una buena novela.

Otro tanto se presume en las líneas dedicadas a Segundo Espallargas, el gigante bajoaragonés, forzado por su corpulencia y parecido físico con el campeón europeo de los pesos pesados Paulino Uzcudun, a combatir en un ring de boxeo para animar las veladas de los soldados alemanes en el campo de concentración de Mauthausen, arriesgada y agotadora actividad que le servía de salvoconducto para su propia supervivencia. Un ejemplo paradigmático de lucha en las circunstancias más pesimistas para la libertad y para toda esperanza de recuperarla.

A pesar de la dureza de estas versiones de historias reales incorporadas a la colección de relatos de Juan Villalba, el estilo fluido y ameno, salpicado de guiños humorísticos o socarrones, termina dejando una sensación optimista y esperanzadora, no siempre por el alivio de un desenlace acorde a nuestros deseos, sino por el empeño inquebrantable de sus protagonistas en perseguir un horizonte quimérico, que se aleja a cada paso, como se intuye en la relajante imagen que sirve de portada a estos Relatos libertarios.

 

Juan Villalba Sebastián, Cuentos libertarios, Sarrión (Teruel), Muñoz Moya Editores, 2019.

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